Nuestra pequeña criatura ya tiene una historia pero debemos hacerle un bautizo como es debido. Buscar el nombre y el traje perfecto. Sabemos que en territorio nacional los vinos se visten de tradición y solera, pero lejos del viejo mundo son más modernos y desenfadados. No podemos ponerle un traje castizo y pretender que le entiendan. Así que la imagen debe ser claramente colorida y con algún referente reconocible. Si sabemos que el storytelling es Barcelona en sí misma la imagen o su composición deben de hablar de ello. Si creamos una nube de palabras de todo lo que nos viene a la cabeza pensando en Barcelona seguramente Sagrada Familia, Gaudí, Las Ramblas son palabras clave que se repiten incesantemente. Ese es el camino a seguir.

Pero para crear un packaging necesitamos un nombre. Ese nombre también nos tiene que aportar un valor de marca y ser único. Barcelona es única por mil motivos pero su nombre es la historia no el producto. Pensamos muchos nombres pero dejamos que heredase el de su historia. Telefèric el restaurante donde se gestó el sueño daría nombre a nuestro vino.

El logotipo era fácilmente explicable a un diseñador pero lo que acompañaba a ese logotipo nos generaba muchísimas dudas. Muchas veces es mejor pedir a gente foránea al proyecto una opinión, no están embriagados de información y pueden dar ese toque innovador. Pedimos a varios diseñadores externos que nos presentaran sus propuestas. Con un Brief detallado de lo que debía reflejar nuestra marca. Nos presentaron ideas increíbles y casi inmejorables. Pero, después de votar y consensuar nos decantamos por la que nos pareció más fresca y que resumía a la perfección todo lo que queríamos expresar.

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